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Los hijos no deseados de Dios

Los hijos no deseados de Dios

Soy el hombre mono, que camina por la autopista abandonada. Soy el espacio natural que nos separa. Huecos, somos huecos por dentro y por fuera. Somos los hijos no deseados de Dios. Harían falta miles de nubes preñadas de lluvia, para limpiarnos. Puedes abrir la puerta y salir. Puedes dejar que tus mentiras se fosilicen en la roca de mi piel. Al fin y al cabo, somos los hijos no deseados de Dios. Nos odiaron por ser diferentes. Nos temieron, aquellos que no nos conocían, y es que la ignorancia cría al miedo, como la loba a sus cachorros. Se erigieron líderes, amos y señores, se autoproclamaron dueños de la verdad absoluta. Y nos juzgaron, nos condenaron y trataron de castigarnos. Ahora somos proscritos. Su miedo te enseñó a leer, mientras yo decidía si era el Doc. Jeckyll o Mr. Hide.  Mis venas sólo son las ruinas del acueducto de la sangre. Arrancaron las piedras para levantar monumentos a un dios padre que no nos deseaba. Nos marcaron con el estigma, como se marcó a Cain.

Nocturno

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

Oliverio Girondo.

Diurno

A casi todas las mujeres que conocí en mi vida, y son pocas, las admiré, las observé, intenté descifrarlas... Nunca dejaron de ser un misterio, nunca dejaron de sorprenderme... pero bueno, lo único realmente importante es disfrutar de su presencia.

Me costó darme cuenta, pero aprendí a escucharlas, a valorar los silencios, las miradas, esos momento en los que parece que no pasa nada y pasa un mundo... aprendí a respetar su intuición, su inteligencia, y aprendí a amarla... llevo media vida amando a la misma mujer... y le he sido siempre fiel... no me obligué a serle fiel... simplemente era... nos amamos porque quisimos, nada ni nadie nos obligó.

Ninguna de las mujeres que conocí después de ella le puede ganar... las miro, las puedo admirar, me puede asombrar encontrarme con alguien como alguna de las mujeres que pasaron por mi vida, porque yo estuve abierto a lo que sea, a lo que pudiera pasar, pero no hay caso, ella gana... ella gana siempre. Y tengo la sensación de que cuando hablo de mujeres, estoy hablando de una sola mujer... si... puede ser.

No lo sé

Anoche quise enviarte un mensaje diciendote; la luna está más hermosa que nunca, desde que esta noche intenta imitarte.

No lo hice, no podía... Y no sé si sonreí o si lloré, no lo puedo recordar. Pero sí recordé la de veces que callo mil y un "te quiero", porque sé que a pesar de todo, no tengo ese derecho. Que como un religioso deboto, defiendo mi fe cristiana, aún contra la razón y la lógica.

Así que de un modo automático, abrí el portatil, con tu ojo observandome... solo un ojo, con el rostro escondido tras un corazón azaroso de cristal roto, que unos segundos después ya acompañaba a los poemas que no recito, a los "te amo" cifrados con códigos girondantes y fórmulas topatumbas, encerrados en celdas de papel, amontonadas a mi alrededor. Y no sé si sonreí o si lloré, no lo puedo recordar.

Y escuché tu voz en orden inverso, sonriendo y hablando de todo o de nada, quitandole hierro a las rejas o masticando la calma... y entre viajes cortos de vuelta y recetas cotidianas llegue al mensaje "más difícil" que nunca me enviaste... y entonces la luna, se ocultó disculpandose, y los ruidos de la calle enmudecieron. El calor de la noche se hizo infierno y la ausencia, única presencia a mi alrededor.

Y respiré mis suspiros quebrados y recordé tus sonrisas como armas de ilusión masiva.. y no sé si sonreí o lloré, no lo puedo recordar, pero te juro que lo hice en silencio.

De cómo, aunque sin hasta cuando...

Como el invierno,
los lunes serán fríos.

Eternos representantes

del recuerdo de tu partida

Como el silencio,
los lunes están vacíos.

Callados y obstinados,
pobres de te quieros.

Como la lluvia incesante,
los lunes son monótonos.
No alegran la semana
de besos y buenos días.

Como el olvido,
los lunes serán enemigos
del resto de mis días,
que todos son lunes.

Como el miedo,
los lunes se huelen.
Rancios, húmedos,
pero con cierto aroma a crema.

Como los muros altos,
los lunes son tristes.
Sin hisopos, ni evapulpos,
ni bisviditas o levitavismos.

Prometo cambiarles el nombre,
si algún día regresas.
No se llamarán nunca más lunes.
Pero sé, que como tu ausencia, sólo me quedan lunes.

Corazón bumerang

Don Mario, usted me engañó...
Me dijo: Si la amas déjala marchar
Y yo le hice caso,
y sin querer hacerlo, lo hice

No me habló del precio de hacerlo.
Del agua amarga de su llanto.
De los sueños rotos que cortan como vidrios de una ventana ciega.
De dolor de huesos metastasiados al alma.
Ni de la asfixia del llanto humedeciendo la pared.
Yo le creí Don Mario y usted me mintió.

Pero le creí.
Y ella regresó y yo a usted le creí.

Reconózcalo Don Mario, usted me engañó.

Nunca me habló de tener que hacerlo de nuevo.
Y sin poder hacerlo, lo hice.

Pero no me habló de que no bastaría,
con pagar un sólo peaje, para este camino.
Yo le creí y usted me mintió.
No me dijo que después...
Después sería peor.
Porque después no hay después.

Usted me mintió y yo le creí.

Octubre

Octubre

Desde siempre supieron que era un niño difícil
pero nunca creyeron que aprendiera a volar,
por eso se  asustaron cuando vieron que un día,
entre sus propias manos, contruyó libertad.
Las familias del barrio dijeron a sus hijos
“no te acerques al loco que  te va a confundir”,
y creció con la duda, y a los dieciséis años
ya de alguna manera se empezó a arrepentir.
 
De telones y muros hizo su fortaleza
para ser como quiso y no echarse a perder,
pero al paso del tiempo vio que había creado
casi tantas barreras como quiso romper.
 
Una vez hubo bronca entre los ricos del barrio,
él también intervino, nunca supe por qué,
quizá hubiera aprendido que en las grandes peleas
el que queda por fuera lleva las de perder.
Cuando hubieron ganado, repartieron el barrio,
“desde aquí para ustedes y de aquí para mí”,
y de ahí en adelante vivieron enfrentados,
se enseñaron los dientes y no para sonreír.
 
De telones y muros hizo su fortaleza
para ser como quiso y no echarse a perder,
pero al paso del tiempo vio que había creado
casi tantas barreras como quiso romper.
 
Ahora que ya es un viejo no le importa rendirse,
pero ya no se acuerda dónde estuvo el error,
las familias del barrio lo pondrán como ejemplo
de que ya no se puede hacer un mundo mejor.

Agustín Ramos

Duda

Duda

 

Tal vez haya sido el hecho de habernos desplazado insistentemente lo que nos ha llevado a quedarnos sin palabras, y a desmentir lo lineal de un acontecimiento, interesándonos por la posibilidad de desarrollar, y articular ficciones partiendo de material, de procedencia diversa... Se fracasa más por la duda que por la elección incorrecta...

  

 

Preparémonos para cualquier cosa... con su correspondiente duda.

 

La hija del flautista

La hija del flautista

Y así es.. tal como dijiste que sería. La vida pasa sin hacer demasiada mella en mi... demasiadas veces... Y es así, una fugaz historia. Sin amor, sin gloria, ni héroe en su universo. No puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte...
Y así es, tal como dijiste que iba a ser. Ambos olvidaremos la brisa... demasiadas veces... Y es así, el agua más fría, la hija del flautista, la alumna rechazada...

No puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte... no puedo dejar de verte...

Dije que te odio...? Dije que quería dejarlo todo atras...? No puedo dejar de pensar en ti... no puedo dejar de pensar en ti... no puedo dejar de pensar en ti... no puedo dejar de pensar en ti...

Hasta que, de nuevo, alguien llegue...

Recomiendo leer el texto con la canción "The Blower’s Daughter" de Damien Rice sonando de fondo, ya que es la que inspiró este post..


Reina de Diamantes...

Reina de Diamantes...

Ella era la auténtica Reina de Diamantes. Su nombre, el de la madre de un dios. Sabía platear hasta las sonrisas. Tenía esas virtudes que ella misma no sabía ver, ni yo describir. Sus labios eran trazos de certero pincel, en el lienzo de su rostro. Sus ojos, dos zafiros del tamaño de mis ganas. Tenía un cabello, que ha de ser la envidia de Afrodita, cada vez que se desnude. Su piel, su piel era tan suave, que las caricias brillaban y resbalaban sobre ella a partes iguales. Aquellos brazos, como ramas del Árbol del bien y del mal, coronados con dos manos tan bien acabadas, que por obligación habían de ser diestras. Y en su tallo, en su tallo dos frutos ruborizantes, que permitían a cualquiera comprender porque Adán se alimentó de ellos, provocando que se nos privara del Paraíso. Su cintura era tan estrecha como mi autoestima. Y sus piernas... Aquellas dos piernas eran tan hermosas como crueles. En una proporción perfecta. Aquellas piernas que comenzaron a caminar, alejándola de míi, antes de que pudiera convencerla de que ella, era sin saberlo, sin quererlo, la mujer de mi vida, en aquella noche larga, de cajas de jade y mitos de lo antiguo...

 

Esperando al tren...

Esperando al tren...

Aquí estoy, sentado en el andén. Con un billete en la mano del que desconozco su destino y lo que es peor, su validez. Esperando que llegue el que a veces pienso será el último tren, miro a una vía tan vacía, como yo a ratos. Sueños, deseos y proyectos metidos en una maleta, mientras apuro otro "camel". El silencio solo se rompe por una megafonía que no deja de anunciar retrasos en la llegada del cositaexpress, por que la maquinista sufre un ataque de indecisión.

Mi funeral

Mi funeral

Aun soy joven, pero se que mis días están contados
1 2 3 4 5 6 7 y así sin parar.
Pero vendrá el tiempo en que estos números habrán terminado.
Y todo lo que he visto habrá sido olvidado. 


  ¿No vendrás a mi funeral cuando mis días se hayan terminado?
La vida no es larga.
Y por eso espero que cuando esté finalmente muerto y me haya ido,
os reunáis donde yo esté yaciendo en el suelo.


Cuando mi ataud esté sellado y yo esté a salvo 2 metros bajo tierra,
quizás mis amigos verán adecuado el juzgarme.
Cuando se detengan y consideren todos mis defectos,
espero que no sean muy rápidos en darme la sentencia. 


    ¿No vendrás a mi funeral cuando mis días se hayan terminado?
La vida no es larga.
Y por eso espero que cuando esté finalmente muerto y me haya ido,
os reunáis donde yo esté yaciendo en el suelo.


"Si muriera antes de despertar, ruego al Señor que se lleve mi alma..."
pero mi cuerpo mi cuerpo... eso es cosa tuya.   
No puedo estar seguro de a donde iré despues de la muerte.
Al cielo, infierno, o más allá al gran vacío,
pero si puedo me gustaría reunirme con mi Hacedor.
Hay un par de cosas que sin duda, quiero preguntarle.  


 

    ¿No vendrás a mi funeral cuando mis días se hayan terminado?
La vida no es larga.
Y por eso espero que cuando esté finalmente muerto y me haya ido,
os reunáis donde yo esté yaciendo en el suelo.

 

Cecilia

Cecilia

Fue ayer… cuando las cabezas sensibles vimos nacer.
Fue ayer… cuando vimos amanecer sobre campos de papel.
Fue ayer… cuando por primera vez vi en tu rostro llover.

Y calló amargura, lagrimas de ácido que metamorfosean amor en locura.
Y calló dulzura, lagrimas de seda que me hicieron merecer tu premura.
Y calló lluvia, lluvia oscura, de la que no se puede salvar a la dulzura… 

Fue ayer… cuando por primera vez en tu rostro vi llover. 

Y el tiempo corría, como si al final se acercara, y rosas blancas, que de otra mano que no eran las mías, las mías que sujetaron las tuyas en un bosque de luz, sonido. Y a la salida del concierto, fuera, quien su luz apagara, le debo el calor de tus miradas frías. Que de ti Cecilia, dejara firma de un trienio de corazón partido. Queda la esperanza perdida, como si de su final se tratara.Traicionada por la vida, su figura desenfocada en mi recuerdo se guardará.

Válgame dios

Válgame dios

Y es la verdad, querer asi es un "pecao". Válgame Dios, que me perdone el santo padre pero yo... no se vivir si no te tengo a mi vera. Y es la verdad que quererte más no puedo y el pensarlo me da miedo tu no te vayas a equivocar... y es tanto lo que te quiero, que no lo podría aguantar. Quiero que me beses y a media voz decirte que te amo. Y háblame bajito, que nadie se entere lo que nos contamos. Quiero que me beses, que nadie se entere lo que nos amamos.

Por ti seré, un angelito y guardaré tu corazón, y borraré malos recuerdos y te daré la luz de luna que tu corazón buscaba. Y quiero ser ese brillo de tu mirada el reflejo de tu alma, pequeñas cosas yo te daré. La fe que mueve montañas y el sentimiento más puro. Quiero que me beses y a media voz decirte que te amo. Y háblame bajito, que nadie se entere lo que nos contamos. Quiero que me beses, que nadie se entere lo que nos amamos.

Que me perdone el santo padre pero yo... que me perdone el santo padre pero yo... Un angelito y guardaré tu corazón...

Niña Pastori

Duerme pequeño

Duerme pequeño

Duerme pequeño, que nadie te despierte. Yo cuidaré tus sueños. Duerme pequeño, el armario está cerrado y bajo tu cama, solo está el frió suelo de piedra. Duerme mi niño, que yo te traeré regalos. Duerme mi bien, que hoy fue un buen día y mañana podrás comer. No temas al hombre de arena, que no podrá cogerte. Duerme mi niño, que fuera la luna está callada. Estrellas ocultas, como se ocultan los trapos sucios de la pobreza. Duerme pequeño, que mañana, cuando despiertes, no beberás la amarga leche del ayuno. Nubes del cielo, serán tu techo, de cartón tus paredes. Que apaguen la luz de las sirenas, que duerme mi niño, entre papel y pena. No te canta la alondra a la aurora. No tengas frío, que yo te arropo. Siento mi niño, haberte ofrecido, amor con miseria.

Autoelegía

Autoelegía

Me perdí. Sí, estaba seguro de saber a donde iba, pero me perdí. Y acabé llegando a este lugar, después de mucho caminar. A este lugar donde nunca se vé el sol. Al principio, como todos los comienzos era duro. Pero acabé acostumbrandome, o eso pensaba. Creí que podría vivir sin el sol. Bastaba con no pensar demasiado en él. Con el tiempo todo sería distinto. Y parecía que lo había logrado. Vivía el día a día.

A veces, la soledad, venía a tomar unos tragos a casa y nos haciamos compañia. No hablabamos mucho, tal vez lo justo, algun monosílabo que nos recordara que estabamos vivos, que estabamos allí. En otras ocasiones, venía con amigos. Monotonía y Don Recuerdos, eran los más habituales. Y los cuatro juntos jugabamos largas partidas de cartas, en las que nadie ganaba, pero aparentemente tampoco perdía nadie. A veces, Don Recuerdos, gustaba de quedarse un rato más, cuando el resto se habian ido, y hablabamos, o sería más justo decir, que él hablaba y yo escuchaba, pues Don Recuedos, era amigo de contar antiguas historias, tal vez para que no se olvidaran, no lo se. Yo conocía todas esas historias, pues eran mías, Don Recuerdos me contaba aquellas anécdotas como suyas, aun sabiendo que yo no las había olvidado, y que jamás renunciaría a su tutela.  Eran lo único que me quedaba del sol.  Y así pasaban los días, con la compañía de la soledad, de la monotonía y de Don Recuerdos.

En ocasiones, cuando me quedaba a solas, me pasaba horas leyendo bajo potentes lámparas, falsos simulacros del sol, historias que les ocurrian a otros, y de las que jamás me sentí protagonista. Pero aquellas lámparas, aquellos simulacros invalidos del sol, sólo estuvieron muy cerca de calentar. Tampoco importaba demasiado, porque olvidé deciros, que siempre fuí el guerrero autosuficiente. Plenamente seguro de cada paso, de cada decisión. Hasta que un día llego una carta, algo amarillenta, a partes iguales por el tiempo y por el sol.

- Hola, veo que has recibido una carta, dijo Don Recuerdos, como aparecido de la nada.

- No te vi llegar, le dije.

- Nunca me he ido...

- Si, eso lo sé.

- Es del sol?

- Si, es suya.

- Sabias que este día llegaría, verdad?

- No lo sé... Supongo que me negué que así fuera.

- ¿Que vamos a hacer? preguntó, mientras miraba al suelo.

- Esperaba que tú me dieras esa respuesta.

- ¿Yo? yo solo sé hablar del pasado, me alimento del presente y no entiendo de futuro.

- No importa, el futuro no existe. No para nosotros al menos.

- Eso es algo que sabía hace tiempo, pero no te lo quise contar.

- ¿Porque?

- Quería que lo descubrieras por ti mismo. De otro modo nunca me habrias creido.

- Eso es cierto...

- Y si ahora lo entiendes ¿Porque lloras?

- No lloro, respiro, deberias saberlo.

- ¿Vas a rendirte?

- No, eso lo hice una vez hace tiempo, y jamas debí hacerlo. El sol nos amaba por lo que eramos, y sé que en el fondo seguimos siendo lo mismo. Y si él ha sobrevivido entre los escombros tanto tiempo, nosotros seguro que támbien. Solo debemos salir de nuevo.. ir de nuevo a la luz.

- Lucharas contra gigantes.

- Lo sé, pero lo necesito, sabes que yo solo no seria capaz de aplastarme, necesito ayuda de un rival más fuerte que yo.

- ¿Puedo pedirte un último favor?

- Claro.

- Dejame quedarme esta noche...

- Iba a pedirtelo yo.

Bang

Bang

Crees que lo ignoro, porque no hablo del asunto. Piensas que conozco a cada uno de los que han hablado conmigo, aunque sé que no van a desaparecer. Me volverán a ver, después de haberme usado tres meses. Una explicación tan gastada como las suelas de mis zapatos. Cada una de ellas, tiene tantos motivos para odiarme, que no recuerdan la razón. Y no pueden librarse de mí, como no podría librarme de ellas yo. Son mi vanidad, mi envidia, mi desidia, mi ignorancia y mi querida monotonía. No podría deshacerme de ellas de ningún modo, tal vez ni con el sonido hueco, sordo y rápido de un ¡¡¡BANG!!!

Corazón de Mimbre

Corazón de Mimbre

Quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides. Yo me quedo aquí a tender mi pena al sol, en la cuerda de tender desolación, luego empezaré a coser "Tequieros" en un papel y a barrer el querer con los pelos de un pincel... Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de las noches mal dormidas llegué yo y le llené de flores el jergón para los dos, sin espinas, de colores, que se rieguen cuando llore y cuando no. las sulfatamos con nuestro sudor, y me confesó, "cuando quieras arrancamos" que en las líneas de la mano lo leyó, que se acabó el que la quemara el sol, pero se asustó, ¡como te retumba el pecho!, tranqui, solo es mi maltrecho corazón, que se encabrita cuando oye tu voz, el muy cabrón ¿qué coño le pasara que ya no sale a volar? ¿tal vez le mojó las plumas el relente de la luna? le volvió loca el sonío de las gotas de rocío cuando empieza a clarear y aún no se ha dormío y me enamoró, ya ves... aunque era un hada alada y yo seguía siendo nada no importó, eramos parte del mismo colchón hasta que juró,"nos querremos mas que nadie pa que no corra ni el aire entre tu y yo", sentí que me iba faltando el calor, y digo yo.. ¿qué coño le pasara que ya no sale a volar? ¿tal vez le mojó las plumas el relente de la luna? le volvió loca el sonío de las gotas de rocío cuando empieza a clarear y aún no se ha dormío... y le hizo un trato al colchón, con su espuma se forró el corazón, que anoche era de piedra y al alba era de mimbre que se dobla antes que partirse... amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto, por la puerta del balcón, el pelo al viento diciendome adiós, porque decidió que ya estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón, de trovadores de contenedor.

Marea

Gritos

Gritos

Gritos, Cuchillos sonoros que traspasan mi piel. Una piel hecha de encargo a precio de saldo, que nadie quiere compartir. Alguien trata de asegurarme que en la vida no hay nada seguro. Un tonel de aluminio oxidado, es el único recipiente que puede guardar lo que queda del día. Una esquela en un periódico atrasado y mientras… mientras tu me vendes ideas de segunda mano. Ideas que ya fueron rechazadas en otros concursos de ingenio. No los ves hablar entre ellos, ingenuos presos de una oferta que nadie puede rechazar. ¿Cómo castigo con el ejemplo? ¿Cómo predico con el ejemplar castigo? Te llamo y solo oyes la belleza de tus silencios. ¿Dónde queda tu espacio? ¿Por donde dejo derramarse mi mensaje? Como un cuentagotas te cuento mis secretos. Como un animal herido te brindo mis caricias. No, no soy aprendiz de William Blake, solo la mascara del disfrazado. Crees porque sonrío que soy feliz, o que estoy triste por que lloro… eso es solo porque no conoces mi alma. Pedazo de trapo viejo. Escupo los trozos que no compartí contigo. Y mientras mis recuerdos se queman en la hoguera de las vanidades. Cenizas, pedazos de cenizas. He mirado tantas veces hacia delante, que a veces olvido que siempre tengo alguien detrás. He aspirado tantas veces, la amistad de la soledad, que como un niño curioso olvido que quiero todo y que me conformo con poco. Que sueño despierto mientras respiro los alientos de la madre, los susurros del hijo, las obligaciones del padre. Y mientras, ¿sabes que? Mientras, grito.

Errante

Errante

Fue por ella por lo que comencé a caminar. Metí en una mochilas las pocas cosas que casi me interesaban. Hace mas de tres días que vi al ultimo ser humano. Un pescador, que me llevó hasta donde pudo. Un lugar exactamente igual al sitio en el que me recogió. Y es que en la soledad del camino, dos puntos separados por 12 kilómetros, son idénticos. Había decidido abandonarme, y lo hice como ella me había enseñado. No importaba el destino, solo deseaba huir del origen. Huir de ella. Una apuesta al número perdedor. Y es que no se puede ganar, cuando se juega contra uno mismo. He dormido en la cama más grande del mundo. La cama de los que no tienen techo. He rezado cada noche el rosario de mis odios y mis rencores, el padre nuestro de mis heridas. Norte, Sur, Este y Oeste son las “cuatro esquinitas” de mi cama. He muerto noche tras noche, para resucitar al alba. Soy el ultimo alma herrante en el purgatorio de la vida. Pensaras que soy pesimista, que no soy luchador… Te equivocas. Soy un superviviente… La prueba de ello es que nado hacia una orilla sin saber donde está o si existe. Nado contra las olas que me arrastran hacia el fondo del mar, con los restos del naufragio. Pero a veces el cansancio, hace que mis brazos ansien descansar. Ahora tengo que dejarte. Debo hacer algo que no puede esperar más. Tal vez nos volvamos a encontrar. Lo siento, no puedo retrasarlo más. Ahora, tengo que irme… Ahora, tengo que respirar….

(A Crisha... gracias por todo...)